Ermanno Cavazzoni, en Vidas breves de idiotas no se mostraba muy enamorado de las motos, “se mueven en un equilibrio precario e innatural, y todos los que andan en moto están destinados a caer”, aseguraba. La cosa ya iba tomando tintes más dramáticos cuando José Ángel M. Hidalgo opinaba en Jot Down cómo, “la fragilidad de la circunstancia del motorista, lanzado contra una burbuja de viento como un monigote de trapo atado a una cometa que se aleja sinuosa y suelta, debería recordarle que su caída será probablemente trágica, que el asfalto le aguarda para romperle el cuello y abrasarle la carne hasta el hueso; no obstante, por raro que parezca, se olvida del peligro…”.

Por eso, siempre es mejor escuchar a Rosa Belmonte contarte una de sus aventuras para quitarle hierro al asunto del riesgo de las dos ruedas. Incluso en bicicleta puedes coger la velocidad del rayo: “Un día me rompí una pierna con la bici de montaña. Caí en un riachuelo por entrar demasiado despacio. Me quedé clavada, puse el pie derecho en una piedra enmohecida y el pie se quedó mirando para Pontevedra (estaba en Murcia). Mientras el amigo que iba conmigo en bici fue a por el coche para sacarme de allí, permanecí boca arriba con el culo en el agua. En el barro. No sólo me rompí la tibia y el peroné (eso lo supe después) sino que me cargué un absurdo teléfono Bang & Olufsen que tenía entonces y llevaba en el bolsillo…”.

No te cuento nada si eres menuda, peso pluma y mujer como nuestra protagonista del relato de hoy. Cuando entrevistas y tienes un rato de charla con alguna de nuestras heroínas deportivas del motor coinciden en que las caídas están a la orden del día seas hombre o mujer, “pero las caídas con las zancadillas del personal y las trabas por el sólo hecho de no ser usual contemplar una mujer por los circuitos hacen tu camino por el asfalto un poco más complicado”. Pero también advierten que, “sólo un poco, de todo se rehace una”. Con Alicia Sornosa, periodista y aventurera, primera española en dar la vuelta al mundo en moto, casi entendimos las demás mortales en qué consistía esa adoración por la velocidad y el riesgo de tantas pilotos cuando la escuchamos describir esa sensación, casi orgásmica, de viajar sobre dos ruedas: “Los músculos se tensan, el equilibrio se agudiza, sientes el suelo en tus puños, en tus pies. El camino se codifica en nuestro ADN, forma parte de ti siempre”. Sobre la moto sudas si hace calor, pasas frio si es invierno, te mojas si llueve, pero también hueles las flores del camino y los laureles del triunfo, “somos conscientes de lo que nos rodea, necesitamos que el camino nos hable para poder pasar sobre él. La moto te hace ser de una pasta especial ¡nos gusta notar que estamos vivos!”.

Cuando entrevistas y tienes un rato de charla con alguna de nuestras heroínas deportivas del motor coinciden en que las caídas están a la orden del día seas hombre o mujer, “pero las caídas con las zancadillas del personal y las trabas por el sólo hecho de no ser usual contemplar una mujer por los circuitos hacen tu camino por el asfalto un poco más complicado”

No es baladí que la decidida y resuelta Ana Carrasco eligiera como una de sus películas favoritas Million Dollar Baby, la historia de Maggie, la joven que sueña con convertirse en campeona de boxeo. Como Maggie, Ana ha perseguido su sueño hasta alcanzarlo. En el filme de Clint Eastwood, el boxeo era una vía para cumplir con lo que se había propuesto, pero era también una forma de abrirse paso en la vida y ganarse el respeto de los demás. ¿Cuántas féminas, con la certeza de que es buena en algo, se plantaron ante la pantalla a ver Million Dollar Baby y se vieron identificadas con ese sueño? Todo era intentar alcanzarlo. Con disciplina. Por fin, las mujeres (hablamos de deporte) van dejando de ser algo anecdótico para convertirse en las elegidas en cualquier disciplina para optar al triunfo. Como dicen en un momento de la película: “Si el boxeo tiene algo de magia es el equilibrio de luchar combates más allá de la resistencia. Más allá de costillas rotas, riñones doloridos y moratones. Es la magia de arriesgar todo por un sueño que nadie más ve excepto uno mismo”. Ana Carrasco lo vio claro desde hace años. A fuerza de disciplina y mucho trabajo ha ido transformado su vida y su físico para que comenzaran a creer en ella como piloto. Y recibiendo, cómo no, buenos golpes de sus sparrings porque, como en el boxeo, dominar una moto en la élite no consiste sólo en apretar el puño; hay mucho de estrategia mental. Como en el ajedrez, “debes intuir dónde están el punto fuerte y el débil de tu adversario”. Olvídense de ponerse el traje de fanfarrón o arrogante por un triunfo, de nada vale. Sin bajar nunca la guardia, siempre prevalece el respeto al adversario.

Ana Carrasco, la campeona pide paso

Con este ritmo de vida acelerado me gusta leer al poeta japonés Matsuo Basho cuando aseguraba que todos los que logran sobresalir en el arte son aquellos que se identifican con la cambiante Naturaleza y “que se atienen a sus pactos; al esplendor sensual de las flores de almendro en contacto con la formalidad de los espinos blancos; el impacto cromático de un torrente azul pálido con el musgo oscuro que duerme en sus orillas”. Y, María Vela Zanetti señalaba, para poner más luz, que “acababa su comentario con dos líneas que solamente un poeta robusto ¡un auténtico roble! puede deslizar sin levantar sospechas: “Y todo lo que una mente así ve es una flor/ y todo lo que una mente así sueña es una luna”. Es decir, aplicando al deporte unas pretensiones filosóficas a esa soledad que todo deportista requiere y necesita para alcanzar ese equilibrio y concentración: no es más que encontrar ese punto intermedio entre el desarrollo de tu espíritu y carácter por medio de esos pactos vitales, ese curso natural de la vida, que terminan equilibrándote.

A veces, cuentan, alcanzar la perfección necesita de ciertas dosis de imperfección. A veces, “la tarea de uno consiste en descubrir lo extraordinario oculto en lo ordinario”. Ana Carrasco (Cehegín, 1997) es la primera campeona del mundo de motociclismo. La primera en escribir muchas páginas en la historia del motociclismo. Conseguir una pole en Supersport 300, y la primera en romper muchos muros todavía en pie. Consultemos un poco la hemeroteca, con su debut en Moto3, en 2013, fue la mujer más joven (16 años) en competir en una prueba del campeonato del mundo y la primera española en puntuar. El año pasado se convirtió en la primera mujer que ganaba una carrera mundialista. Y fue la primera chica que lideró un Mundial de la Federación Internacional de Motociclismo (FIM). Nadie dijo que fuera fácil. En sus entrevistas no tarda en aparecer cualquier mención a la tarea ardua: “Los pilotos masculinos también luchan al comienzo de sus carreras. Pero no sufren el aislamiento que experimentaba cuando se unió al campeonato mundial de Moto3, dos niveles por debajo deMotoGP™, en 2013. El primer año fue muy difícil”, recuerda. “Los pilotos no estaban listos para tener a una mujer en la parrilla. No querían ayudarme así que fue muy difícil. Pero a mediados de la temporada gané mis primeros puntos y pudieron comenzar a ver que era rápida”.

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Estamos ante una chica normal, pues, apasionada del rap -antes de cada carrera suena en su dispositivo. Le relaja y no falta nunca una de sus canciones preferidas, Grande, de Nach- y devoradora de lecturas como la autobiografía de Casey Stoner. Recordaba a Rosa Martínez, en La Verdad de Murcia, cómo empezó todo y la importancia de la presencia de su padre: “Tenía tres años. Mi padre siempre ha estado relacionado con las motos; corrió de joven a nivel hobby y después fue mecánico de otros pilotos”. Como si se repitieran los estereotipos y los tópicos de antaño, parece que volviéramos a los tiempos de Jane Austen cuando mostrar un gusto por la lectura era motivo de extrañeza entre los de tu círculo “¡Cuidado, a ver qué malditos demonios les meterán en la cabeza!”. Muchas han sido las mujeres pioneras y guías que gracias a su empeño han logrado que las demás podamos desenvolvernos por la vida con más desahogo. Dioni García, jefe de deportes de La Opinión de Murcia, nos da más pistas: “Alfonso Carrasco, su padre, tiene gran parte de culpa. Mecánico de profesión, siempre ha estado vinculado a la velocidad como deporte. Cuando en la ciudad de Begastri surgió un joven llamado José David de Gea Tudela, Alfonso se convirtió en sus pies y sus manos. Ayudó hasta que pudo a un piloto que fue el primer murciano en subir al podio de un Campeonato del Mundo con un tercer puesto en 250 centímetros cúbicos en Assen en 2001. Lo que por entonces él no sabía es que en su casa tenía a otra pionera, una niña que antes incluso de llegar a montar en bici, ya rodaba en moto por las calles de Cehegín con sólo tres años”.

En realidad, esa pequeña motocicleta, de juguete, se la habían regalado sus padres a su hermana mayor, a quien no le hizo mucha ilusión el obsequio, “pero la moto no se quedó en el garaje olvidada, sino que la benjamín de la casa empezó entonces a forjar su leyenda y a demostrarle a su padre que tendría que volver a los circuitos, de donde había salido un poco cansado de luchar siempre contra gigantes molinos de viento…”. Hablamos del pasado, el presente es muy distinto, “porque ya no es un hobby, sino que intento que sea mi profesión, y hay muchos momentos, la mayoría, en los que no te diviertes. No todo son las carreras, también hay que trabajar antes, y como en todos los trabajos, hay días buenos y días malos; pero si quieres alcanzar tu objetivo no te puedes permitir un ‘hoy no me apetece”, continuaba.

La Bala Rosa supo pronto lo que eran las heridas abiertas. Como en ese ring de Maggie no tardas en conocer lo que es un golpe mal dado, un hueso roto, o una caída inesperada que da con tus dientes sobre la lona.

A la Bala rosa, como se le conocía por llevar pintada durante unos años su moto de ese color como estrategia de uno de sus patrocinadores, me recordaba Dioni García, no sólo se le acercaba ese foco por la fama y reconocimiento. Supo pronto lo que eran las heridas abiertas. Como en ese ring de Maggie no tardas en conocer lo que es un golpe mal dado, un hueso roto, o una caída inesperada que da con tus dientes sobre la lona. El circuito, en ocasiones, es ese ring de Eastwood como proyección del esfuerzo llevado al límite. Pero te lanzas. Golpeas y te golpean. Te caes, te pones la tirita y vuelves para el siguiente asalto. “Hay magia en el boxeo cuando sigues luchando más allá de tu resistencia. La magia de darlo todo por un sueño que nadie más ve aparte de ti”, recordaba, en ABC, Miguel Muñoz: “En este deporte lo más difícil son las lesiones, porque te apartan mucho tiempo de las carreras, y el tema económico. Para mí lo fue la temporada 2015, porque tuve dos lesiones: me rompí la clavícula justo antes de comenzar el mundial, y después, cuando estaba prácticamente recuperada, me rompí el hombro”, continuaba relatando Carrasco a La Verdad. Jamás se amilanó, “al mes y medio volví a competir pero las condiciones en las que estaba no eran buenas. El médico me había dado seis meses (de baja), y yo había vuelto antes. Lo pasé mal, porque los resultados no salían, y al final de la temporada me quedé sin equipo y tuve que dejar el mundial. Ese año fue el más complicado. Cuando los resultados no salen, dices: ‘Bueno, no estoy preparado’, pero estar limitada por una lesión… es un poco difícil de llevar. Tenía 16 años y no entendía por qué tenía que quedarme fuera si trabajaba e intentaba hacer las cosas bien, cuando, además, todo el mundo sabía que lo había pasado mal con la lesión. Nunca entendí por qué no tenía moto para continuar. Me desilusionó ver cómo muchas personas que creía que me iban a ayudar no lo hicieron”.

Dioni García nos pone en antecedentes: “Llegó al Campeonato del Mundo de Moto3 con el equipo Calvo Team, gestionado por Gelete Nieto, uno de los hijos del ’12+1′. Allí volvió a comprobar las dificultades que tiene una mujer para abrirse camino en un mundo de hombres, donde las chicas sólo aparecen en las parrillas de salida con vestidos cortos y paraguas. Logró un decimoquinto puesto en Malasia y firmó un sobresaliente octavo en Valencia. Pero ello no le valió para en 2014 quedarse en la misma estructura y tuvo que buscarse la vida con el Roelof Waninge, donde vivió una mala experiencia, ya que a tres pruebas del final se quedó sin moto por no aportar sus patrocinadores personales el dinero que le habían prometido -tenía que pagar 250.000 euros para tener moto-. En 2015 encontró cobijo en el RBA Racing, pero los resultados no llegaron como se esperaba y ‘desapareció’ del gran circo, aunque su tesón le llevó a participar en 2016 en el Europeo y a enrolarse en 2017 en el Mundial de Supersport 300 con el ETG Racing”. A todos, la vida nos pone sus obstáculos y tienes que ingeniártelas para salir adelante buscando un nuevo camino, “decidí cambiar de categoría, buscar nuevos objetivos. Hice Moto2, y al año siguiente me pasé al campeonato de Superbike”.

Los prejuicios

Ana Carrasco, la campeona pide paso

Mientras no sean morales, los apoyos siempre vienen bien. Con una fuerza y una decisión apabullante, tiene claro que, “la gente nunca ha confiado en que una chica pueda ganar”, suele hacer hincapié en estas declaraciones en sus entrevistas. “Creo que porque nunca se había hecho. Es difícil creer en algo que nunca se ha visto. Pero yo, desde que llegué al Mundial, siempre he dicho que podía ganar. Me han faltado los apoyos y los medios para hacerlo, pero siempre lo he dicho. Ganar en Portimao me abrió la puerta a estar en el equipo donde estoy, y a tener el apoyo de fábrica de Kawasaki. Parecía que todo el mundo estaba esperando a ver si se podía hacer, pero es el pez que se muerde la cola: si no te dan la oportunidad, no lo puedes conseguir; y si no lo consigues, no te van a dar la oportunidad. Era una barrera difícil de romper”.

Tal vez sigamos tirando demasiado de prejuicios o nos guste, por comodidad, atenernos siempre a clichés: “El Mundial ha cambiado mucho desde que empecé, hace seis años. Ahora es normal ver a chicas, pero cuando llegué era un poco raro para todo el mundo, y durante esos primeros años me costó mucho romper la barrera. De hecho, no lo conseguí hasta el año pasado, y creo que si no hubiera ganado, no estaría donde estoy”, confesaba a Martínez.

Pero también sabemos que por parte de los pilotos no le ha faltado el reconocimiento merecido. Sin ir más lejos, Valentino Rossi. En una rueda de prensa Rossi, al que conocía de correr en Moto3, dijo de ella: “Espero que Ana pueda ganar el título”. Tras coronarse como campeona del mundo no le pesa la responsabilidad y ya se prepara entrenando a diario. El objetivo principal de la pasada temporada, ser campeona, ya está alcanzado. Ahora hay que seguir subiendo y apunta a lo más alto: “Me gustaría correr enMotoGP™”, aseguraba hace unos días en los premios Laureus a los que acudió en la categoría revelación de la temporada.

Futuro

Tiene los pies en el suelo y la cabeza bien amueblada, “si ese plan A, que es el de las motos no funciona, mi plan B es tener un trabajo, formar una familia y vivir una vida normal, como todo el mundo”, aseguraba en La Verdad. Estudia Derecho por si el plan A falla aunque, “ahora mismo sólo me veo siendo piloto. Por el momento, me está ayudando a entender el circo de contratos que hay en mi deporte”. Y los que piensen que ha alcanzado el límite de su ambición deportiva con las dos ruedas, atentos porque jamás practicaría, actualmente, otros deportes que pusieran en riesgo su carrera en motos, “pero he probado los coches y me gustaría pilotar un Fórmula 1. Hace poco hice un test con un Fórmula 4 y me gustó mucho”.

Respiramos y seguimos. Ana Carrasco se enfunda sus guantes y aprieta a fondo el puño del acelerador ganando territorio en medio de “el vaso de agua en un océano de ambición”, como dijo de Madonna Mick Jagger.

Fdo. Nieves B Jiménez

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Fotos: 

Ana Carrasco en pista- Author: Smudge 9000 , Flickr

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