Nací con una moto debajo del brazo, mis padres tenían el concesionario Yamaha en Zamora más de 30 años, así que, al salir del cole yo iba a la tienda y jugaba entre cascos, motos y ‘chupas’ de cuero. Aunque mi arranque fue un poco tardío, no fue hasta los 14 años cuando le pedí a mi padre que me comprara una moto para ‘salir a pasear’ con él los domingos, le cogí rápido el gustillo.

Descubrí la competición en esta disciplina debido a una lesión de espalda. Cuando llevaba 8 años compitiendo en motocross, una fortísima lesión de espalda casi pone en jaque mi carrea como piloto, ya que los traumatólogos me dijeron que no podría volver a montar en moto, pero decidí cambiar mi especialidad por otra menos lesiva, además de enfocar mi entrenamiento hacia la lesión, en vez de ‘colgar las botas’ y… ¡funcionó! Fue ahí cuando descubrí los rallys y creo que es una disciplina que se amolda al 100% a mi forma tanto de ser como de conducir.

Sara García en línea de meta Dakar

Al haber empezado a practicar este deporte tan tarde (sí, los 14 años es realmente tarde si contamos con que normalmente los pilotos que llegan alto han comenzado en su deporte a los 3 años) no deslumbro por mi técnica, ni por mi velocidad, pero el rally no se basa sólo en esos dos pilares, sino que has de ser un buen navegante, saber gestionar la totalidad de la carrera (son carreras de varios días con etapas que te hacen estar una media de 6 horas encima de la moto), etc. Son muchos factores los que entran en juego y el mejor piloto será, no quien destaque en alguno de ellos de forma puntual, sino quien tenga mayor nivel en el conjunto de todas estas necesidades.

No deslumbro por mi técnica, ni por mi velocidad, pero el rally no se basa sólo en esos dos pilares, sino que has de ser un buen navegante, saber gestionar la totalidad de la carrera.

Desde pequeña he escuchado en mi casa historias del Dakar ya que mi padre fue mecánico del equipo de motos de los españoles Hernández y Fernández, por lo que el Dakar siempre ha rondado mi cabeza, pero lo veía como una meta muy lejana. Desde hace 4 años, comencé a estructurar mis temporadas para encaminarme hacia él. El primer peldaño fue el Campeonato de España de Rallys en 2014, luego llegaría el momento del Intercontinental Rally en 2016, antiguo Dakar africano que recorre Marruecos, Sáhara, Mauritania y Senegal donde fui la primera mujer que finalizaba la prueba. Pero el verdadero punto de inflexión llegó con el Campeonato del Mundo de Bajas en 2017 cuando me convertí en Campeona del Mundo. Ahora, estaba preparada para enfrentarme a mi sueño.

Sara García en el dakarSara García en el dakar

La puntilla de correr en la categoría Original (sin asistencia) la veíamos aún como una locura lejana. Fue tras asistir a la presentación del Rally Dakar, donde conocimos la estructura de la edición 2019, cuando nos decantamos por dicha categoría. En ese mismo momento, comenzamos a enfocar nuestro entrenamiento, no sólo físico, sino también mental y mecánico a esta nueva meta.

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El rally es una disciplina super completa, que necesita entrenamiento no sólo físico, sino que también hay que poner el foco en los planos mental, mecánico y nutricional. Tengo a muy buenos profesionales que cuidan de mí y pautan mis rutinas. La base de todo es la nutrición, cuya responsable es Paz Malillos; antes creía que mi alimentación era correcta, pero ella me ha ‘enseñado a comer’ de nuevo. El siguiente escalón es el entrenamiento físico, que corre a cargo del equipo de Elements System. Ellos estructuran mis entrenos intentando ajustarse a mi caótica agenda. Estos entrenos se basan en moto y gimnasio; en este último intentamos compensar todas las lesiones que acarreo, mejorar tanto la resistencia como la fuerza y simular situaciones de carrera. El entreno mental lo gestiona el gran Orlando Ríos, un profesional que lleva más de 25 años a cargo del coaching de pilotos. Por último, pero no menos importante, la parte mecánica que será fundamental en la categoría Original (sin asistencia) a la que me enfrentaré en el Dakar, guiada por Antonio García, mi padre y mecánico, quien me ha enseñado cada uno de los recovecos de mi Yamaha WRF450.

Campamento en el dakarCampamento en el dakar

Una de las cosas que más me motivan a encarar este reto es que no es un objetivo sólo para mí. Creo que es muy importante romper la barrera existente sobre la figura de la mujer en el mundo del motor y sobre todo, en el mundo del motociclismo off-road. Creo que en el rally tenemos las aptitudes necesarias para poder obtener resultados similares a los hombres en una clasificación. Quizá por ser mujer, ha habido alguna piedra más en el camino como tener la necesidad de más entrenamiento para llegar al nivel masculino, alguna mirada extraña o algún gesto poco deportivo, pero, si te centras en el objetivo y piensas que eres capaz, poco a poco mirarás todas esas dificultades desde la cima.

Mi sueño de 2019 se acabó rompiendo. Todo empezó tal y como esperaba, un Dakar duro, unas etapas muy largas y de mucha exigencia, pero en este rally todo lo que planeas se puede desbaratar en un segundo. Fue en el kilómetro 180 de la cuarta etapa cuando toda la preparación, todo el sufrimiento, todas las ilusiones quedaban atrapadas en el fesh-fesh. La moto se paró y ya no volvió a arrancar. Mi compañero de batalla, Javi Vega, me estuvo ayudando durante 3 horas a tratar de encontrar una solución, pero nada de lo que probamos sirvió. Cambiamos la batería, conseguimos alimentar las bombas de gasolina, revisamos las líneas de corriente, pero no dio resultado… ahí se acababa mi Dakar.

Sara García en el dakar

Todo esto es Sara García, todo esto es lo que me ha hecho ser quien soy, lo que ha moldeado no sólo mi cuerpo sino también mi mente, lo que me ha ayudado a confiar en mí misma cuando he estado sola en medio del desierto o a ‘buscarme las habichuelas’ a la hora de conseguir el presupuesto necesario para afrontar cada temporada.

Creo que es muy importante romper la barrera existente sobre la figura de la mujer en el mundo del motor (…). Creo que en el rally tenemos las aptitudes necesarias para obtener resultados similares a las de los hombres.

Muchos me preguntan si no tengo miedo cuando en una carrera alcanzo velocidades tan altas. El miedo es algo que interiorizas y aceptas con el tiempo, forma parte de este deporte, pero ¿qué voy a hacer? ¿Abandonar mis sueños? Creo que me arrepentiría de por vida.

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Fotos: 

©DPPI y Charlie López- @charlylopezph

Sara García

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