Tras la estela de Don Paco

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El ingeniero Barcelonés Francisco Bultó Marqués, fundador y propietario de Montesa y Bultaco, edificó su leyenda sobre la convicción de que “el mercado seguía a la bandera de cuadros”, esto es, de que el éxito en las carreras se traducía invariablemente en un aumento de la demanda en el concesionario.

En la España menesterosa de mediados del siglo pasado, en que la televisión era aún un artefacto quimérico y la palabra marketing, un encantamiento en ciernes, la máxima de Don Paco, como se le conoció popularmente, tuvo algo de profético.

Nacido en 1912 en el seno de una familia burguesa dedicada al textil, Bultó se sintió atraído desde muy joven por el mundo del motor, del que le sedujo, además de la adrenalina de la competición, la entretela mecánica. Renuente a convertirse en un mero continuador de la tradición paterna, nada más finalizar los estudios de ingeniería pone en pie Fundiciones Industriales, una pequeña fábrica de pistones para motores de combustión interna. En sus ratos de ocio, cada vez más imbricados con sus planes de negocio, participa en cuantas pruebas amateurs se le ponen a tiro. Uno de los certámenes a los que no suele fallar es la Subida de la Rabasada, la carretera que une Barcelona con el municipio de Sant Cugat del Vallés, un angosto culebreo al que sólo Montjuich superaba en peligrosidad.

Inmerso en el frenesí que distingue a todo precursor, en 1944 construye su primer prototipo, donde todo, desde el carenado hasta el último tornillo, lleva su firma. De ese mismo año data la casualidad que propiciará su despegue definitivo como empresario.

Su cuñado Jasu (acrónimo de Josep Antoni Soler i Urgell), que trabaja como jefe de taller en una fábrica de gasógeno del Ensanche barcelonés, le presenta al dueño de la sociedad, Pedro Permanyer, que lleva tiempo rondando la idea de armar un motor de dos tiempos, precisamente el mismo en que se basa el ingenio de Bultó.

El acuerdo entre Bultó y Permanyer, según evocaría Ignacio Bultó, hijo de nuestro protagonista, en un documental de TVE, se selló aproximadamente en estos términos: “Yo sé cómo hacer motos y tú, Pedro, tienes la industria para fabricarlas: unámonos”. El 31 de diciembre de 1945 nace Montesa, en la que constan como socios Pedro Permanyer y su padre, Marcelino Permanyer, con una participación de poco más de 600.000 pesetas, que supone el 89% del capital, y Francisco Bultó, con alrededor de 80.000 pesetas, el 11% restante (andando el tiempo, las sucesivas ampliaciones de capital llevarían a la familia Bultó a hacerse con el 30% de la sociedad). Tras un año inicial al ralentí, en que se venden tan sólo 22 velomotores de 95 centímetros cúbicos, la apuesta de Bultó por los campeonatos de velocidad empieza a dar fruto, y Montesa logra inscribir su nombre en el palmarés de algunos de los más prestigiosos torneos internacionales.


Montesa Brio 80


Tal como Bultó había previsto, la repercusión de esas victorias en los noticiarios de la época dispara las ventas, lo que permite a Montesa producir, a principios de los 50, su primer gran vehículo, una 125 de dos tiempos, con el cárter separado del motor, y un volante magnético situado bajo una cubierta circular. Es la célebre Brio 80, un hito de su tiempo, y de la que se fabrican 12.000 ejemplares. A rebufo de los dividendos que proporcionan los sucesivos modelos de la Brio, la empresa amplía sus instalaciones y se plantea objetivos aún más ambiciosos. Muchos años después, Bultó recordaría aquellos años como una época dorada: “Pedro Permanyer y yo formábamos un buen matrimonio, donde Permanyer era el sentido de la organización y la economía, y yo, la osadía”.

Demi Moore se pasó toda la película una proposición indecente con una vieja chaqueta de cuero en la que se veía un logo con un pulgar levantado. Era la cazadora del piloto de Dirt Track Rob Morrow. Seguramente, en Hollywood nadie había oído hablar de Bultaco, ni sabía nada de las competiciones de Dirt Track… sin embargo, algún asesor de vestuario sí, y consideró que aquella cazadora con aquel logotipo era lo suficientemente exótica para que Demi diera la imagen de una chica original, con personalidad y muy guerrera, como lo han sido siempre los miembros de la familia Bultó, de la que nadie había oído hablar al otro lado del charco… o sí.

Sin embargo, el Plan de Estabilización de finales de los cincuenta, con el que Franco pretendía enterrar la autarquía que, hasta ese momento, había lastrado el crecimiento español, redunda en el freno de la producción industrial. En esa tesitura, Permanyer, que cuenta, recordemos, con la mayoría del capital, resuelve liquidar la división de competición, en la que, en el fondo, nunca había creído, al punto de considerarla un capricho de Bultó… inasumible en tiempos de crisis. Don Paco, para quien la máxima de que el mercado seguía a la bandera de cuadros no había perdido un ápice de vigencia, abandona Montesa y, junto con un puñado de ex empleados afines, funda la Compañía Española de Motores (Cemoto), precursora de Bultaco, que en pocos meses tiene a punto su primera 125, la mítica Tralla 101. El nombre de Bultaco (apócope de Paco Bultó) se le ocurre al propio Bultó (es, de hecho, el que utiliza como dirección de telégrafos); suyo también es el logotipo: un puño enguantado con el pulgar hacia arriba, señal de que todo marcha bien. En los años que siguen, la pugna comercial entre Montesa y Bultaco, cada una con sus respectivos partidarios e incondicionales, da alas al sector en España.


Bultaco 1962


En la polifacética familia Bultó ha habido pilotos del mundial de velocidad, del Rally París-Dakar, del mundial de enduro, del mundial de trial, del mundial de Superbikes, del mundial de motocross, del mundial de barcos a turbina, del nacional de motos de agua, rallies de asfalto… y en una finca de su propiedad llegaron a organizar una carrera de Dirt Track, una especialidad motorista basada en el derrapaje sobre tierra, en la que sólo participaban los hijos y los nietos de paco bultó, y a la que la familia denominó campeonato del mundo de dirt track. en carreras abiertas al público general, como el Supermotard de Can Padró, los Bultó ocupaban las primeras filas de la parrilla de salida y en broma se hablaba de la copa Bultó, dada la cantidad de pilotos pertenecientes a la estirpe Bultó.



No satisfecho con la hegemonía en la velocidad, Bultó se lanza al dominio del trial, empeño que se acaba traduciendo en la imbatible Sherpa-T, probablemente el modelo más conocido de Bultaco. Para popularizar la modalidad de montaña, Don Paco se hace con los servicios del piloto irlandés Sammy Miller, quien, a lomos de la sherpa, conquista los títulos más importantes de Europa.
Con la crisis de los setenta, la mayoría de las firmas españolas desaparecen o son absorbidas por pujantes multinacionales japonesas. Tal es el caso de Bultaco, adquirida en 1983 por Honda (que se había hecho con Montesa dos años antes) conforme a una reestructuración dirigida por el Ministerio de Industria. Antes de ultimar la venta, y en lo que parece un efluvio romántico, Bultó pide a la dirección de la nueva compañía los derechos mercantiles del logotipo y la marca de Bultaco, alegando que para Honda carecen ya de valor. La cesión de dicha propiedad, obtenida de forma gratuita, le permitirá, quince años después, cerrar un acuerdo con la casa Derbi para resucitar la marca. En el otoño de 1998, dos meses después de su fallecimiento, salen del taller las nuevas Bultaco, en lo que fue la hazaña postrera de un gigante.

Paco Bultó comenzó fabricando aros para émbolos en Barella y Bultó. Tras contactar con Pedro Permanyer, un fabricante de gasógenos, fundaron montesa en 1945. Su ilusión por la competición se tradujo en la montesa sprint que estuvo a punto de ganar el Tourist Trophy. La montesa sprint terminó en segunda, tercera y quinta posición, equipada con un motor de dos tiempos que, en aquella época, era considerado por los ingleses como “un motor para sacar agua de los pozos”. En un momento en el que se apostaba por el clásico motor de cuatro tiempos, Paco Bultó pensó que los dos tiempos iban a revolucionar el futuro inmediato de las motos. y así fue.

En el otoño de 1998, dos meses después del fallecimiento de Don Paco, alen del taller las nuevas Bultaco, en lo que fue la hazaña postrera de un gigante.


Fuente foto Destacada: Licencia CC Attribution-Share Alike 3.0; Autor: Morio
Fuente foto Montesa Brio 80 : Licencia CC Attribution-Share Alike 3.0; Autor: Peprovira
Fuente foto Bultaco 1962: Licencia CC Attribution-Share Alike 4.0 International; Autor: Peprovira
Fuente foto competición: Licencia CC Attribution-Share Alike 2.0; Autor: Insomnia Cured Here


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