El circuito que nació muerto

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Una sensación de belleza y desolación te recorre el cuerpo cuando ves por primera vez el imponente Autódromo de Terramar, a cada paso que das te invade el recuerdo, la nostalgia, acompañado del asombro de ver un monumento abandonado de esas características.

El circuito de Sitges-Terramar, el primer trazado de velocidad que se construyó en España, el tercero de Europa y el cuarto del mundo agoniza mientras la maleza, el olvido y la historia avanzan implacables, ahogando todas las iniciativas e intentos de rehabilitación de esta joya oval. 

Para poder conocer el futuro hay que remontarse al pasado, por eso nos vamos al 1922, año en el que el arquitecto catalán Jaume Mestres i Fossas diseñó el primer circuito permanente de la historia de España: el Autódromo de Terramar, situado en Sant Pere de Ribes, en la comarca del Garraf, en Barcelona, muy cerca de Sitges.

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Se construyó en tan solo 300 días con una inversión de 4 millones de pesetas (24.000 €) y se inauguró un año después, el 28 de octubre de 1923 con el Primer Gran Premio de Fórmula 1, ante la presencia del Infante Alfonso de Borbón, en representación del rey Alfonso XIII.

Lo que convierte a Terramar en un circuito pionero y único es su estructura: un trazado de forma oval de 2 kilómetros de longitud, 20 metros de ancho y con unos peraltes de 90 y 65 grados con lo que los vehículos podían tomar las curvas casi sin soltar el acelerador y tener así una gran adherencia sobre el pavimento, pudiendo poner a prueba la resistencia y velocidad de los motores.

Unos peraltes prácticamente verticales e inalcanzables para los circuitos que existían en Europa en aquella época, el de Monza (Italia) y el de Brooklands (Inglaterra), o el de Indianápolis en Estados Unidos. Este último, referencia internacional por excelencia, tiene tan solo 35 grados de inclinación, lo que nos da la perspectiva de la audacia del trazado catalán.

El pavimento de Terramar está formado por placas de hormigón de 12 centímetros de grosor y todavía no ha sido restaurado nunca.

Sólo algunas hierbas pertinaces han conseguido romper el asfalto en algunas partes, pero la pista resiste el inclemente paso del tiempo y el desuso.

Paseando por las instalaciones se puede adivinar el corto pero glorioso pasado de Terramar. Tenía espacio para albergar a más de 50.000 personas, pero solo 4.000 podían estar en tribuna, el resto se repartían por todo el tramo. Las gradas se conservan perfectamente ya que fueron reconvertidas en granero y techadas con uralita lo que ha permitido su supervivencia en estos años de olvido. También se mantienen bien conservados los 4 boxes a pie de pista, reservados para unos pocos privilegiados, mientras el resto de pilotos tenía que alojar sus puestos mecánicos en la parte interna del óvalo en la que todavía permanecen los garajes para meter los vehículos. El complejo se completa con una masía del siglo XVIII que servía para pernoctar y la torre de control, una excelente casa del s. XIII donde se encontraban los jueces de la carrera, que le dan al conjunto un toque emblemático y muy señorial.

El circuito de Terramar es un proyecto que nació herido de muerte con graves problemas económicos desde sus inicios. Las grandes deudas contraídas con los constructores y la incapacidad de sus dueños para hacer frente a estos gastos hicieron que las primeras entradas fueran embargadas y no se pudiese pagar premios a los pilotos.

Por este motivo, la Federación Internacional del Automovilismo (AIACR) prohibió la celebración de más carreras puntuables internacionales. En 1932, el Autódromo fue adquirido por un gran aficionado, el aristócrata y piloto Edgar de Morawitz, que organizó algunas de las carreras y pruebas espectáculo, como el desafío entre avionetas y coches, hasta conseguir celebrar el primer campeonato de España de motociclismo en 1932. La actividad del motor continuó hasta noviembre de 1933 pero después la Guerra Civil apagó cualquier posibilidad de continuidad.

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El 29 de mayo de 1955 el Autódromo de Terramar abrió sus puertas por última vez para la competición de vehículos de carreras. Y desde entonces, infrautilizado y en el olvido ha ido acumulando años y maleza hasta ofrecer el espectáculo desolador que muestra al visitante.

En estos años, algunas marcas y personalidades del motor se han paseado en estas históricas pistas sin lograr que Terramar recupere el lugar que le corresponde. La más sonada de ellas fue en 2012, cuando Carlos Sainz se propuso el reto de batir el récord de la pista con un Audi R8.

“El banking (peralte) es tremendo, sobre todo mirándolo desde abajo. Reconozco que cuando lo vi por primera vez me sorprendió, y tenía mucha curiosidad por saber qué se sentía al conducir en él. Nunca antes lo había hecho en un circuito oval, con un banking así, y ha sido muy especial”. Así se explicaba tras una carrera en la que a pesar del precario estado de la pista rodó en 42,6 segundos a una media de 170 km/h, batiendo la anterior marca de Louis Zborowski Miller, que en 1923 consiguió un registro de 45,8 segundos y una velocidad media de 157,2 km/h.

En 2013, y para celebrar el 90 cumpleaños de Terramar, el bicampeón del mundo de Moto GP, Jorge Lorenzo, se encargó de homenajear el circuito rodando por su pista peraltada con un Porsche 911 de Hot Wheels “a tamaño real”. Y hace unos meses, en febrero, Seat, organizó allí la presentación del León Cupra 290, su modelo más potente.

Se presentó a finales de 2013 su plan de recuperación y renovación del Autódromo para celebrar eventos internacionales de alto nivel, aunque no competiciones. Para sacar rendimiento a los 90.000 metros cuadrados de terreno el plan prevé construir un complejo de 135 villas de alto standing y un gran hotel. La idea es transformar el circuito en un parque temático del motor destinado al ocio familiar, con apartamentos, centro de convenciones, un museo, una zona de restauración de vehículos clásicos, y un circuito de karting de 3 kilómetros. El proyecto, con un presupuesto de 230 millones de euros procedentes de capital privado, debería haber visto la luz a principios de 2017, pero según hemos comprobado, de momento el único futuro inmediato que se espera para este pedazo de nuestra historia sigue siendo, desgraciadamente el olvido.

Fuente foto destacada: Licencia CC BY-SA 3.0 ; Autor: Xurei

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Fotos:

Circuito TerramarAutor: Xurei

Alfonso XIII. Autor: Agence de presse Meurisse

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