El amor es una vespa. La pasión es una Harley.

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“La velocidad pura se siente subido a una moto. Ningún coche te dispara la adrenalina como una moto”. Steve McQueen

Hay muchas historias de amor y motos. Empezando por la que protagonizó Julio Cortázar, quien se hizo con una Vespa por un precio insignificante en París en los años 50 para pasear por las calles de la capital francesa. Una Vespa a la que bautizó como Aleluya y con la tuvo un accidente en febrero de 1953 que pudo acabar en tragedia. “Me puse la Vespa de sombrero para no matar a una vieja idiota que se me cruzó en una esquina cuando yo cruzaba con todo derecho y las luces verdes. Quedé reducido a un sándwich entre el asfalto y la motocicleta. Agarrándola de frente, es decir, aceptando matarla, me hubiera salvado con un porrazo y nada más. El problema moral está en saber si yo elegí hacer la maniobra para salvarla, o simplemente fueron mis manos las que mecánicamente hicieron lo necesario. Me es imposible responder a esto con certeza”, advirtió el escritor.

Triumph Trophy
Triumph Trophy

James Dean confesó estar “platónicamente enamorado” de su Triumph Trophy TR5, con la que le fascinaba salir “a asustar vacas con la moto.

Se echaban a correr, con las ubres meneándose y perdían un litro de leche”. A Dean le gustaba ir rápido, tanto que perdió la vida en 1955 al volante de un Porsche Spyder 550. Sin embargo, el actor cabalgaba habitualmente a lomos de su Triumph Trophy

TR5, de motor bicilíndrico de 500 cc y 25 CV a 9.000 rpm. La moto fue restaurada por Andy Enness, a partir de unas fotografías que hizo Phil Stern en los 50. Hoy se exhibe en el museo de James Dean en Fairmont (USA), aunque las malas lenguas dicen que la expuesta es una de las tres réplicas que fueron construidas después.

Steve McQueenNo obstante, el actor más relacionado con la velocidad y el cine fue Steve McQueen, que convirtió el amor en pasión. McQueen hizo suya una frase de su personaje Michael Delaney en la película Le Mans: “Correr es mi vida… todo lo de antes y después, puede esperar”. El galán de Indiana protagonizó espectaculares escenas como la persecución por las calles de San Francisco del Ford Mustang GT 390 Fastback de McQueen y el Dodge Charger 440 Magnum que conducían los gángsters en Bullitt o la legendaria huída en moto en La gran evasión. McQueen adquirió joyas de cuatro ruedas como el Porsche 911 S de 1969, el Cooper T-52 de Fórmula Junior que utilizó para correr en la Baja 1000, un Hudson Wasp, un Lotus 11, un Ferrari 250 Lusso…

Pero solía decir que “la velocidad pura se siente subido a una moto. Ningún coche te dispara la adrenalina como una moto”. Por eso llegó a tener una espectacular colección de motos en la que sobresalían las Indian, su marca favorita, pero donde no faltaban las Triumph ni modelos antiguos de Harley-Davidson que perseguía hasta adquirir. Su amor por la velocidad le llevó a competir en carreras de motos a lomos de alguna Triumph, después probó con Husqvarna y terminó apostando por la Honda, con un modelo Elsinore. Nadie vivía más rápido que McQueen en el Hollywood de los 60 y 70 y el excelente libro McQueen’s Machines: The Cars and Bikes of a Hollywood Icon, documenta su apasionada relación con la velocidad y los vehículos.

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Dan Aykroyd, probablemente el cazafantasmas más conocido, suele decir que “no necesitas ir al psicoanalista si tienes una motocicleta. ¡Cualquier tipo es buena!”. Y son muchos los que han elegido la terapia de las dos ruedas.

El amor por las motos también unió al matrimonio Pitt-Jolie, que dispone de un enorme garaje repleto de clásicos de las ruedas.

En la colección de Angelina figuran desde BMW a MV Augusta e Indian, en la de Brad destacan Triumph, BMW, Ducati, Roland Sands, Royal Enfield, Yamaha o KTM.

ducati.

Otra pareja, que lo fue en su día, compartió la pasión por las motocicletas. En este caso fue Tom Cruise el que contagió la afición por las motos clásicas a Nicole Kidman, hasta el punto que en el garaje de la australiana descansan un par de Harley-Davidson, una BMW y una Ducati. Y dicen quienes la conocen que las pilota con enorme destreza. Otro coleccionista de Harleys famoso fue Elvis Presley, pero no era un motero militante como Ewan McGregor, quien se calza el casco y se pierde por sitios recónditos cada vez que se apaga la cámara. Dispone para ello de una notable ‘cuadra’ en la que destacan motos de diferentes marcas: Ducati, KTM, Honda, Suzuki, Moto- Guzzi, BMW…

Admitiendo que no existe el amor perfecto, si uno tuviera que definirlo diría que es una mezcla entre el amor inocente y tierno de Audrey Hepburn y Gregory Peck a lomos de una Vespa en Vacaciones en Roma y el amor libre y hippie de la roadtrip movie más famosa de la historia, Easy Rider, con Peter Fonda lanzando su reloj, para después arrancar sus chopper Harley-Davidson junto a Dennis Hooper mientras comienzan a sonar los acordes de Born to be wild. ¿Acaso no es amor eso? ¿O será quizás pasión?

 

Fuente foto Triumph Trophy: Licencia CC Attribution-Share Alike 2.0; Autor: big-ashb
Fuente foto Angelina Jolie and Brad Pitt : Licencia CC Attribution-Share Alike 3.0; Autor: Georges Biard
Fuente foto Steve McQueen: Licencia CC Attribution-Share Alike 2.0; Autor: Insomnia Cured Here

 

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Fermín De la Calle

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El mundo no estaba esperando una nueva revista de motos, por eso ésta no es una revista de motos. Es una revista en la que la gente escribe sobre cosas que les parecen interesantes, eso si, con las motos como hilo conductor. El resultado: apasionante y desconcertante a partes iguales, porque uno empieza a leerla pensando que va a leer artículos sobre motos y la mayoría de las veces acaba enganchado a algo interesantísimo sobre cualquier otra cosa.


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