El hijo de María Antonia

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El gesto de Maria Antònia Horrach en el funeral de su hijo, Luis Salom, parecía contener una vida.

Una madre en el funeral de su hijo es una anomalía cósmica, una suerte de pesebre inverso en el que todo, hasta el más nimio detalle, está electrificado. Por lo general, el dolor, un dolor de tinieblas, incapacita al deudo, al punto que la única demostración de afecto de que un padre o una madre son capaces suele ser el dolor mismo. Maria Antònia, no obstante, se rebeló contra su circunstancia para adelantarse unos pasos y depositar entre las manos de su hijo los cabellos que, en su honor, había dejado de lucir. A los periodistas que siguen los grandes premios de motociclismo, y que trataban con ella en los circuitos, les había costado reconocerla. Un día antes, en el tanatorio de Son Valentí, donde velaban a Luis, se los había cortado.

Luis Salom el hijo de maria antoniaLos cabellos de la madre eran el amuleto más preciado del joven piloto, que tenía por costumbre acariciarlos antes de cada carrera, justo momentos antes de arrodillarse al lado de su vehículo y, con los ojos cerrados y las palmas de las manos enfrentadas, rezar un padre nuestro. Así conjuraba Luis el miedo. El suyo y, probablemente, el de su madre. En el hecho de que ésta se desprendiera de la melena está simbolizado lo que tiene la muerte de pérdida, de amputación. Se trata de una forma de luto tan sobria como hermosa, y ahí, en esa dualidad, radica precisamente la majestad de su gesto. Con la ofrenda, Maria Antònia vincula su aspecto al fallecimiento del hijo, como encarnándolo y, al tiempo, proyectándolo. Para cualquier amigo o conocido, lo primero que en adelante habrá de “decir” la cabeza de Maria Antònia es Luis. Y así será, probablemente, de por vida.

Serena hasta hacer daño, ni siquiera le tembló la voz cuando, desde el atril, clamó “¡Sigue cabalgando a nuestro lado, Mexicano!”. Ése, Mexicano, era el mote de Luis. Su nombre de guerra.

Cuentan quienes le conocían que, cada vez que le preguntaban de dónde venía el gentilicio, siendo él mallorquín, temía desvelar la razón por si ésta no estaba a la altura de las expectativas. “Viene por mi mánager”, se arrancó en cierta ocasión ante la periodista Nadia Tronchoni. Y ya no soltó el gas: “su hermano tenía un caballo de carreras negro, en Argentina, que se llamaba Mexicano. Pero no le salió como él esperaba: resulta que en una carrera se quedó parado en la salida. Cuando el hermano me conoció y vino a unas cuantas carreras, empezaron con la broma, y a decirme que a ver si yo iba a ser como su caballo y me iba a quedar clavado en la salida”. Huelga decir que no se quedó clavado. Nieto del dueño del concesionario de motos Salom, el más conocido de Palma, se subió a una moto por primera vez con apenas 5 años, a los 8 compitió en la categoría de 50 centímetros cúbicos del Campeonato Balear de Supermotard y antes de cumplir los 16 ya se había proclamado campeón regional de 125 en dos ocasiones. Luego vendrían el paso a la velocidad, su debut en los grandes premios, el triunfo en Indianapolis, el subcampeonato mundial de Moto3 y el ascenso a Moto2. En el campeonato en curso, había conseguido un segundo puesto en Catar y, tras seis carreras, se hallaba situado en décima posición.

Luis salomEl 3 de junio, en la sesión de entrenamientos libres del Gran Premio de Cataluña, Luis llegó a la referencia de frenada de la curva 12 algo más rápido de lo que lo había hecho en su vuelta más rápida. La telemetría diría después que el decalage tenía su origen en que había salido de la curva 11 sin la debida aceleración. La tardanza a la hora de frenar provocó que aún llevara el freno accionado al pasar por encima de un bache cuya existencia conocían todos los pilotos. Luis salió despedido. La Kalex, unos diez metros por delante de él, golpeó las defensas del muro y giró sobre sí misma. Luis, que llegaba resbalando sobre el asfalto, ni siquiera llegó a impactar contra el muro.

Los médicos intentaron reanimarle a pie de pista y, aunque se sopesó la evacuación en helicóptero, las asistencias decidieron utilizar una ambulancia debido a la gravedad de los traumatismos. Fue trasladado al hospital del circuito y desde allí al Hospital General de Cataluña, donde falleció a las 16:55.

Hace aproximadamente un año, le preguntaron por qué rezaba antes de cada carrera y, con la sobriedad que le caracterizaba, respondió: “Para que todos acabemos la carrera”.

En aquella misma entrevista, y sobreponiéndose a su renuencia a mostrar sus tatuajes (“No tienen nada que ver con mi profesión”, solía decir para ahuyentar a quien se interesaba por ellos), acabó mostrando los de su antebrazo derecho. En el lado más visible, una virgen; en el anverso, el rostro de su madre, tomado de una fotografía del día en que lo bautizaron a él. También él, a su modo, parecía contener una vida.

 

Fuente foto Destacada: Licencia CC Attribution-Share Alike 3.0; Autor: Alberto-g-rovi
Fuente foto Luis Salom en moto: Licencia CC Attribution-Share Alike 2.0; Autor: D@LY3D
Fuente foto Luis Salom: Licencia CC Attribution-ShareAlike 2.5 Genérico; Autor: Rrohdin

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