Me puedo enamorar de quien quiera: de tu hermana, de tu madre y hasta de tu moto. Y no puedes hacer nada.

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He estado investigando. Quería escribir un artículo bien documentado, a prueba de comentarios de cualquier experto con ganas de sentirse superior pisando sobre el desconocimiento de los demás, así que he mirado en la wikipedia.

Por lo visto hay varios tipos de amor: amores no correspondidos, amores que te dejan lisiado e incapaz de volver a amar y amores que matan. El amor a las motos es algo parecido al amor a los niños, no puedes entenderlo hasta que no tienes uno. Los griegos, claro, utilizan palabras distintas para denominar los diferentes tipos de amor. No estoy seguro de para qué, pero he intentado encontrar una historia relacionada con las motos para ejemplificar cada uno de estos tipos de amor.
Creo que se pueden utilizar las motos para explicar casi cualquier cosa que uno quiera.

AMOR ÁGAPE

Barry Strang quería una motocicleta. La quería tanto que la quiso durante 44 años y como es habitual su mujer se negaba a compartir su amor con una motocicleta, ella sabía que podía perder.

Una mañana con la pre jubilación en el bolsillo y una lista de buenos argumentos en la cabeza Barry logró convencer a su mujer para comprarse una moto y exactamente a 5 kilómetros del concesionario Harley Davidson de Wyoming la palmó en un accidente con su moto recién estrenada.

Su esposa no se enfadó: “Murió con una sonrisa en los labios” dijo a quien quiso escucharla.

Montar en moto es una de esas cosas buenas e inservibles con las que uno hila su vida y hace que merezca la pena vivirse.

Arnaud C Borwgs, nunca tuvo una moto. Eso no le impidió estar enamorado de ellas hasta el día que se murió. Aquel día su mujer decidió hacer algo que él no hizo en toda su vida. Le compró una.

Fue a un escultor local y le encargó una moto de mármol para poner en su tumba.

¿Una moto sola?

No, una moto con ella en la parte trasera del asiento. Las dos cosas que más quiso en su vida juntas y para siempre.

AMOR FILOS

me puedo enamorar hasta de tu moto

Lo que el niño necesita es campo para correr” Una abuela normalmente acierta, y otras no se equivoca. El niño no se estaba quieto, y correr era desde luego algo que el chico podía hacer.

El médico fue más científico y dedujo tras las pruebas que que el niño sufría de TDAH, le recetó Atomoxetina.

Fue entonces cuando la madre dio una de las negativas más varoniles que se recuerdan en aquel hospital. No se había oído un “no” con tanto músculo y testosterona desde que el jefe de del hospital había propuesto hacer los vestuarios del personal mixtos para poner más habitaciones.

La madre del niño tenía sus propias teorías sobre como encauzar la energía de su hijo y drogarle no era una de ellas.

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Dan Aykroyd

Hay una frase de Dan Aykroyd que dice que uno no necesita ningún psicólogo si tiene una moto.

EL TDAH se lo iba a quitar con una TDM del 91. A veces basta con un cambio de letras para que las cosas cambien en todos los sentidos.

El niño, como cualquier adolescente, estaba enamorado de las motos y un bicilíndrico en paralelo de casi 900cc era todo el amor que uno puede desear.

La TDM fue montada y desmontada decenas de veces, con pequeñas mejoras, motor, frenos, suspensiones, hasta que se le sacó hasta el último átomo de rendimiento que la moto era capaz de dar y mientras eso ocurría el niño también fue mejorando hasta convertirse en un mecánico competente y un mejor piloto. Pronto su pueblo y su comarca se le quedaron pequeñas y en un par de años consiguió correr el CEV.

Cuando puedes encauzar en TDAH con talento, no triunfar es casi una inmoralidad. Fue sólo una carrera pero ¡qué carrera! Tan bella, tan perfecta que contenía todas las buenas carreras de su vida, un “the best of ” concentrado en poco más de media carrera. Aún se recuerda esa épica remontada entre los que la presenciaron.

El niño se cayó, aún no se sabe por qué. Quizás se impacientó y aceleró demasiado pronto a la salida de la curva. No se hizo gran cosa, escafoides y clavícula, lo mínimo, pero dejó de correr. De pronto se interesó por otras cosas, algunos dicen que cambió las motos por las chicas, pero lo que se sabe seguro es que gracias al amor de su madre jamás necesitó tomar Atomoxetina.

AMOR EROS

Mi amigo José entró en el concesionario a lo grande, como si el resto de los días de su vida fueran a ser sábado y abrió la puerta con la seguridad que da llevar en la cartera el dinero para dar la entrada para una moto nueva. En billetes pequeños, no correlativos y sin numerar como piden en las películas los que saben de esas cosas. Llevaba tiempo ahorrando para comprarse una moto, una que había tenido en la carpeta, en un póster y en su cabeza desde hacía años.

José había ido muchas veces a la tienda a ver la moto y cuando le preguntaban había tenido que responder “Sólo estoy mirando gracias” que es lo mismo que decir: “Estoy sin blanca, pero quédese con mi cara porque cuando tenga un golpe de suerte, volveré

José había heredado algo de dinero y según se mire y dependiendo para quién, una herencia es algo que puede ser considerado un golpe de suerte.

Quiero una VFR 750 blanca con ribetes dorados” La frase le salió como un globo al que le sueltas el aire de repente, como si llevase con esa idea metida en la cabeza a presión y no le cupiese nada más en la cabeza.

Pero todas las historias perfectas tienen una grieta por donde le cabe un desastre.

Lo siento chaval” respondió el vendedor, la moto ha sido descatalogada, y ya no la vendemos.

José sintió el vació bajo sus pies y nada de nada entre las piernas, exactamente en el sitio donde pensaba sentir el ronronear de un V4.

La han sustituido por la VFR 800 dijo, como si un amor fuera substituible por otro.

Y de pronto los sábados perpetuos eran lunes por la mañana y José por primera vez no sabía que quería.

¡Qué cabrones! No habían avisado. Deberían haber enviado una circular a todos los que soñaban con esa moto: “Dense prisa, diría, sableen a quien puedan, hagan horas extras, compren lotería, este sueño se acaba”.

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Honda VFR 800

Afortunadamente el vendedor de “Motos Torres” tenía la labia que se le supone a los buenos vendedores y no tener lo que el cliente había ido a comprar no era un impedimento para cerrar una venta y llegar a la cuota de todo el año a mitad de Julio.

José se compró una VFR 800 y se llevó un casco y un pitón de regalo.

Nunca ha sido tan feliz en su vida. Por lo que se puede deducir que José no estaba enamorado de una moto en concreto, sino de la idea de las motos, lo que los psicólogos entienden como amor hedonista, así que finalmente parece que el amor sí que es substituible, y es una suerte, porque a tener una relación monógama para toda la vida con una moto le pasa lo mismo que con las personas, que suena mejor de lo que realmente es.

 

Fuente foto Dan Aykroyd: Licencia CC Attribution-Share Alike 4.0 International; Autor: Rnunezart
Fuente foto Honda VFR 800: Licencia CC Attribution-Share Alike 2.0; Autor: Lmascre

 

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Chano Coronil

Chano Coronil

Redactor publicitario durante 22 años, guionista en un par de largometrajes, diseñador gráfico por vocación y estudiante renegado de Bellas Artes. Llegué a las motos durante la adolescencia pensando en que me serían útiles para ligar. Cuando me di cuenta de que no lo serían, era ya demasiado tarde para dejarlas y se convirtieron en mi pasión. La idea de mezclar velocidad, emoción y belleza en un mismo objeto es una de las ideas más felices de la humanidad y uno de los peores recursos para seducir, o es que alguien ha ligado alguna vez haciendo tandas en un circuito. Exacto.


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El mundo no estaba esperando una nueva revista de motos, por eso ésta no es una revista de motos. Es una revista en la que la gente escribe sobre cosas que les parecen interesantes, eso si, con las motos como hilo conductor. El resultado: apasionante y desconcertante a partes iguales, porque uno empieza a leerla pensando que va a leer artículos sobre motos y la mayoría de las veces acaba enganchado a algo interesantísimo sobre cualquier otra cosa.


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