Si uno busca en Internet mujeres y motos, lo primero que Google le arroja a la cara son imágenes de tías buenorras, de calendario de garaje de Caudete de las fuentes o de cualquier pueblo perdido de Minnesota. Chicas con poca ropa merodeando alrededor de una moto. No la conducen- ¿quién se calza unos taconazos que producen acrofobia para conducir?-  más bien la vigilan de cerca. Acaso revisan el aceite, observan atentamente el dibujo de las ruedas. Compiten con su chasis por llamar la atención. Y gana claramente la carne hermosa y reluciente, el motor siempre a punto.

Lo siguiente son una serie de entradas acerca de cuáles son las mejores motos para mujeres, siguiendo la línea de las cuchillas para mujeres, más caras que las masculinas por ser el vello femenino aristocrático como todo el mundo sabe, o los bolígrafos para mujeres, un producto que el mercado estaba pidiendo a gritos, tras registrarse varios casos de esguince de muñeca por uso indebido de bolígrafos masculinos.

De la misma manera, algunos piensan que deben existir  las motos para mujeres, que por supuesto son más ligeras -no importa si la va a conducir la campeona de halterofilia  Lidia Valentín-, que por supuesto son más fáciles de manejar -qué más da si es Gill Jones, la ingeniera mecánica de la Fórmula 1, quien se sube encima-.

Puestos a especializarnos, ¿para cuándo motos para bajitos con pies planos, motos para funcionarios del estado jubilados, motos para daltónicos con tendencias dipsomaníacas,  motos para eurodiputados con halitosis?

A día de hoy, nadie ha podido demostrar que los vehículos se manejen con los genitales. Para ir en moto, parece que únicamente son necesarios dos brazos, dos piernas, y a ser posible una cabeza donde meter el casco. Y a veces ni eso. El campeón Alan Kempster corrió la Fórmula 400 australiana con un solo brazo y una sola pierna. La otra pareja de accesorios se la habían amputado tras sufrir un grave accidente contra un camión. Así competía el asimétrico Half man, controlando el acelerador, el embrague y el freno delantero con una mano, y el cambio y el freno trasero con una pierna.

Es indudable que las motocicletas han sido y son un icono de libertad, la imagen de Marlon Brando con su Perfect de cuero subido a una Harley emana libertad por todos los poros. Pero son también signo de virilidad, un puntal en el que se ha sostenido a menudo lo masculino.

Y tal vez vaya siendo hora de sacudir el polvo del imaginario colectivo y extender esa idea de libertad asociada a las dos ruedas también a las mujeres, de aventar un poco de aire fresco en el inconsciente colectivo.

El concesionario Motocorsa de Portland tuvo una buena iniciativa a ese respecto ridiculizando algunas conductas que de tan comunes a menudo pasan inadvertidas.

Para promocionar la Ducati Panigola 1199, contrató a una modelo con taconazos para que revisara las ruedas y el aceite y esas cosas que hacen las modelos en un garaje bien caluroso en una sesión de fotos. Luego repitió las fotos, las mismas posturas, los mismos encuadres, idéntica escasez de ropa, pero con los mecánicos de la compañía. El resultado, por evidente y paródico, no dejaba de resultar revelador.

La idea era romper algunos prejuicios, esos quitamiedos de la gente superficial. Repasemos unos cuantos:

Prejuicio uno. Pero es que las mujeres son más torpes conduciendo.

Sally Halterman

En 1937, Sally Halterman obtuvo el primer permiso de conducir motos de EEUU. No se lo pusieron fácil, y no por la falta de pericia de Sally, que llevaba nueve años conduciendo sin permiso y sin problema alguno. Pero los examinadores le daban largas, excusas baratas, que si el peso, pesaba 40 kilos, que si la altura, apenas medía metro y medio (sólo unos centímetros menos que el campeón mundial Ángel Nieto). Halterman superó las pruebas teóricas con holgura pero para poder acceder al práctico, tuvo que hacerse acompañar de su abogado. El policía examinador se negó a subirse al sidecar con ella para realizar la prueba. Finalmente fue obligado por ley, y al bajar dijo: “señora, pilota usted tan bien como lo haría un hombre. Su conducción es equilibrada y conoce muy bien la máquina, pero no la he visto arrancarla, así que no puedo concederle el permiso”. Mientras Sally profería toda clase de insultos a voz en grito, le dio una patada a la Harley para arrancarla. Finalmente, obtuvo su permiso.

Otro ejemplo de pericia al manillar fue Fay Taylom, la reina del dirt track. Compitió en decenas de carreras por todo el mundo, siendo su destreza el principal reclamo. Llegó a convocar a más de 20.000 personas.

Prejuicio dos. Ya, pero las mujeres van con miedo por la carretera

Della Crewe decidió recorrer la distancia desde su Waco natal hasta Nueva York en una moto con sidecar, donde, además del equipaje, viajaba su perro Problemas. Tras seis meses de travesía, varias tormentas, mucho polvo, barro, e infecciones varias, Della y Problemas llegaron a la meta. Corría el año 1914.

Más de cien años después, la española Alicia Sornosa se ha convertido en la primera mujer de habla hispana en dar la vuelta al mundo en solitario subida a una BMW F 650 GS.

Prejuicio tres. Sí, pero no olvides que las mujeres no se llevan bien con otras mujeres y esto es problemático.

Motor Maids

Dot Robinson, nacida en 1912, fue la fundadora y presidenta del primer club de motociclismo femenino del mundo, el Motor Maids, mucho antes de que existiera la palabra sororidad.

Por las venas de Dot corría el espíritu motero, ya desde el vientre de su madre. Su padre trasladó al hospital  a su madre de parto, en un sidecar. Con 18 años, Dot ganó su primer trofeo, la prueba de resistencia de las 1000 millas de Flint. Durante años regentó un concesionario de Harley Davidson en Detroit. Pero se la recordará por fundar junto a su amiga Linda Dugeau el club de motoristas más longevo del mundo. Cuando salían a la carretera, les dedicaban todo tipo de lindezas. De ellas se dijo que eran un grupo de mujeres “salvajes”, un atajo de lesbianas sobre ruedas. Indiferentes a los insultos el club no ha dejado de crecer desde entonces.

Dot Robinson, ganó su primer trofeo a los 18 años y regentó un concesionario de Harley Davidson en Detroit, pero se la recordará por fundar, junto a Linda Dugeau, el club de motoristas más longevo del mundo: el Motor Maids.

Prejuicio cuatro. Este no me lo puedes negar: las mujeres son físicamente más débiles.

Es verdad. Afortunadamente se inventaron los motores y no es necesario pilotar un avión levantando su peso a pulso. No he conocido a ningún hombre que se comprara una moto como alternativa al gimnasio. ¿Realmente es necesaria una fuerza física extraordinaria para marchar sobre dos ruedas por más que sea una moto de gran cilindrada?

La complexión de los pilotos deMotoGP™ apunta precisamente lo contrario, Pedrosa pesa 50 kilos, y Espargaró se quedó en el chasis para ser más competitivo, 66 kilos para su metro ochenta.

A pesar de eso, Jorge Lorenzo declaró que las mujeres no estaban preparadas para llevar una moto, que cada sexo tiene sus cualidades y la menor fuerza física es un hecho, una realidad.

Ana Carrasco mide un metro y 56 centímetros, pesa 53 kilos y ha sido la primera mujer en ganar un campeonato mundial de motociclismo, en una competición en que no se segrega por género, con una moto que pesa 140 kilos. Afirma no sentirse en inferioridad de condiciones. “Me entreno muchas horas para, cuando tengo que competir, tener la fuerza necesaria. Pero creo que en el motociclismo, además de fuerza, se necesitan otras muchas cosas”.

Reconoce que los chicos se molestan cuando les gana una chica pero ya se van acostumbrando a ver a alguna chica corriendo. “Ahora me consideran antes un piloto rápido que una chica. Eso es lo importante”.

Ante un tuit en que Espargaró declinaba rodar en el Red Bull Ring por la peligrosidad del circuito con lluvia, el piloto Josh Brookes contestó con un emoji: un vestido de mujer. Laia Sanz, la campeona mundial de trial y piloto del Dakar, le mandó a su vez una foto partida: a la izquierda se la veía con un vestido, a la derecha elevándose varios metros durante el Dakar.

Prejuicio cinco . Es que en muchos casos las mujeres van de victimas

Seguro que algunas pero no Bessie Shingfiled, que además de mujer nació negra. De origen jamaicano, fue adoptada a los 5 años por una mujer soltera de Boston. En los años 50, Recorrió las carreteras de una América segregada racialmente, con su mono blanco y su piel negra. Fue derribada de su moto en varias ocasiones, sin ningún motivo. En 1953 participo en una carrera disfrazada de hombre y la ganó pero se le negó el premio por ser mujer.

Bessie Stingfield

 

Bessie Shingfiled, recorrió las carreteras de una América segregada racialmente, con su mono blanco y su piel negra. Fue derribada de su moto en varias ocasiones, sin ningún motivo. Se la conocía como La Reina Negra.

 

La reina negra, como se la conocía, tenía el corazón algo más grande de lo normal. Los médicos le aconsejaron dejar la moto bajo riesgo de muerte, a lo que ella respondió: “Si dejo de montar en moto, dejo de vivir”. Murió a los 82 años.

Los prejuicios son molestos para el que los sufre pero a la larga resultan mucho más perjudiciales para el que los tiene ya que van estrechando la mente y reduciendo el campo de visión.

Una mujer en moto no es más que una mujer en moto, ni más ni menos que una mujer en moto.

Valora este artículo sobre Mujeres, motos y viceversa
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (Ninguna valoración todavía)
Cargando…

Fotos: 

Motor Maids America -Fuente: wwr-whyweride.tumblr.com
Bessie Shingfiled -Author: Unknown, Wikimedia Commons

Bárbara Blasco Grau

Bárbara Blasco Grau

Licenciada en periodismo, con premio extraordinario fin de carrera. Ha trabajado en diversos medios locales de Valencia y en el gabinete de prensa de la Bienal.

Ver todos

Añadir comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *